La marcha de puntillas en niñas y niños

Andar de puntillas o puntilleo es una marcha bastante frecuente en niñas y niños. Por regla general va desapareciendo durante el crecimiento. Aun así, no hay que perder de vista este hecho, ya que puede crear problemas anatómicos, ortopédicos y biomecánicos permanentes. Además, conlleva mayor probabilidad de caídas y por tanto, más inseguridad e incluso provoca un estigma social.

¿Cuáles pueden ser sus causas o factores de riesgo?

Son variados, a continuación, exponemos algunos, no obstante, hay que tener en cuenta que el niño debe ser valorado por su pediatra y fisioterapeuta.

Esta alteración de la marcha puede deberse a:

  • Uso de andadores y tacatás.
  • Saltos en el desarrollo motor.
  • Acortamiento del tendón de Aquiles.
  • Trastornos del desarrollo: como el TGD (trastornos generalizados del desarrollo), TEA (trastorno de espectro autista).
  • Parálisis cerebral.
  • Distrofia muscular.
  • Además, hay otros estudios que contemplan la posibilidad de que sea hereditario, de que el niño quiera parecer más alto y por ello se ayude del puntilleo, por observar a un hermano mayor que lo haga e imite esta marcha o simplemente para llamar la atención de los padres.

Como hemos comentado, el profesional sanitario tras valorar la causa de esta marcha, establecerá el mejor tratamiento para cada caso. Hasta entonces, podemos trabajar en casa los siguientes ejercicios:

  • Evitar poner al niño de pie antes de los 6 meses de edad y evitar el uso de andadores.
  • Reptar y gatear.
  • Trabajar el equilibrio.
  • Colocar al niño delante de un espejo para que sea consciente de ese puntilleo e intente corregirlo.
  • Subir rampas ascendentes y jugar en ellas.
  • Ponerlo de cuclillas, manteniendo el talón en el suelo.
  • Algunos juegos como: coger aros con el pie, dejar pasar coches o pelotas bajo la parte anterior del pie manteniendo el talón apoyado, colocar piezas de puzzle (o similar) en el talón para que busque el sonido del choque, pintar el pie con pintura de dedos y caminar sobre un papel para ver las huellas, aprender a caminar como diferentes animales…- Estimularle la planta del pie con diferentes texturas, manteniéndolo descalzo y haciendo que camine sobre distintas superficies.
  • Realizarle estiramientos y masajes en el pie, tendón de Aquiles y gemelos.

El tratamiento activo se puede acompañar de férulas o plantillas. Como última solución, podría realizarse una operación para alargar el tendón de Aquiles, pero con el tiempo puede volver a aparecer el puntilleo y las consecuencias de este.

Tras todo lo comentado, me gustaría recalcar la importancia de prestar atención a la marcha de puntillas, pero sin obsesionarnos y dejando que el niño juegue y se mueva todo lo posible y con total libertad.

Cristina PérezFisioterapeuta –  Centro Educo | Centro de Atención Especializada